viernes, 13 de julio de 2007

¡YA NO NOS CABEN LOS PANTALONES!

Desde la última vez que escribimos hemos recorrido medio país ¡y nos hemos comido el otro medio! Os escribimos desde Camarones, un pueblo chiquitito al lado del mar. Nos acabamos de zampar unos mejillones y unos pescaos y unas Quilmes y (Simón) una tarta de limón casera (un trozo, aunque le habría cabido entera).
Anoche dormirmos en Comodoro Rivadavia, la capital del petróleo, en el hotel de los magnates, jajajaja... Nuestro primer gran lujo. Pero no os creáis, que todo se compensa, pues la noche anterior dormimor en Puerto San Julián... Repito: Puerto San Julián. Por favor, memorizadlo bien por si venís alguna vez para saltároslo del tirón. Aunque hay un parque temático, "Via Lucis", muy interesante a la salida del pueblo... (Es coña, ¡ni se os ocurra!)

Pero vayamos por orden. Los últimos días en Villa La Angostura fueron estupendos. El kinesiólogo (fisio) de Simón nos sorprendió una mañana en la consulta tras una llamada de su mujer: “¡Hoy cenan en mi casa!”. Resultó que era uno de los amigos que tiene un tío de Paula aquí (como si eso no fuera ya bastante coincidencia…) y ni él ni nosotros teníamos ni idea tras una semana de tratamiento… (la rodilla de Simón mejora poco a poco). Esa fue la primera vez que probamos la carne en nuestro viaje, y desde entonces estamos haciéndonos unos expertos. Lo pasamos muy bien, de hecho nos sentimos como en casa con todo el grupo: Mariano, Maggie, Nico, Martina, Alicia, Cristina… ¡Esperamos repetir cuando lleguemos de vuelta a Villa La Angostura!
Palmamos 3 días en El Bolsón, pueblo rollético que en verano debe de ser precioso pero que en invierno es bastante gris. Teníamos reservada una cabaña que resultó estar cochambrosa (si alguien va por la zona, que evite cabañas “La Montaña”). Aguantamos la primera noche y nos escapamos a las cabañas “Los Teros”; allí nos recibió mucho mejor Nir, el dueño, y Simón se quedó prendado de Frida, una pastor alemán que estaba de lo más colgada. Pasamos un par de noches con la chimenea, muy a gustito.
Seguimos nuestro camino hacia Trevelin para allí cruzar la frontera a Chile. Nuestro plan de la Ruta 40 cambió ligeramente tras charlar en Bariloche con Ricky Holler (cada vez que decimos su nombre nos parece estar nombrando a un personaje de película de aventuras, tipo Indiana Jones o Han Solo...). Ricky es un amigo de Mariana (la del B&B) experto en viajes de este tipo y se conoce la zona del derecho y del revés. Nos recomendó que hiciésemos un trozo por Chile: el tramo de la carretera Austral que va desde Futaleufú a Chile Chico y pasa por la Selva Fría Valdiviana y rodea una gran parte del Lago Buenos Aires (llamado General Carrera en Chile). Nos encantó, a pesar de que no dejó de llover y de nevar (de ahí lo de la "selva fría") y de que los precios no tienen nada que ver con Argentina, ni los lugares en los que dormimos (bastante peor relación calidad-precio).
Tras reincorporarnos a la Ruta 40 (de nuevo en Argentina), pasamos nuestra noche más glamurosa hasta el momento en nuestra Ford Ecosport 4x4:
Cenamos unos huevos duros que Simón cocinó dentro del coche y nos fundimos media botella de tinto antes de meternos en nuestros maravillosos sacos de plumas. Afuera, -8º C. Dentro, 0º C. No hay más que ver las fotos para hacerse una idea; nótese la ventana congelada por el interior y la cara de horror de Paula, jeje… Por cierto, un par de recomendaciones para aquellos que tengan pensado viajar por esta zona:
1. Repostad cada vez que tengáis oportunidad, pues en algunos pueblos se acaba el combustible y no te pueden asegurar cuándo volverán a tener. Esto nos pasó en Bajo Caracoles ¡¡y tuvimos que viajar durante 4 horas a 40 km/h para ahorrar el máximo posible!!
2. Si tenéis una guía Lonely Planet y pretendéis usarla viajando en invierno, ya podéis meterle fuego tranquilamente; o mejor, guardadla para el viaje y así tenéis para una hoguera calentita cuando os quedéis en la calle porque los hoteles que la guía dice que están abiertos TODO EL AÑO y están en medio de ninguna parte, están cerrados a cal y canto

Por fin llegamos a El Chaltén.

Tuvimos muchísima suerte con el tiempo: 3 días de sol y poquísimo viento para disfrutar a gusto de la vista del Fitz Roy y el Cerro Torre en este pueblo que en invierno se vuelve fantasma, aunque es chulísimo. Dimos un par de paseos tranquilos a los miradores de ambos picos y nos encantaron, son impresionantes. Pasamos por El Calafate, pero eso os lo seguiremos contando en la siguiente entrada, porque nos echan del ordenador. Os dejamos algunas fotillos, eso sí, de la parejita feliz en la laguna Onelli, en el catamarán del ganado turístico (hasta ahora habíamos tenido muy buena suerte en nuestra huída de la temporada alta, pero nada dura eternamente) que te lleva a ver varios glaciares: el Upsala, el Spegazzini y otros cuantos que se ven desde la laguna Onelli... Lo que más nos gustó fueron los témpanos celestes que flotaban a la deriva por el lago. El PeritoMoreno y la historia de la mofeta, para la próxima.
Por el momento, esto es todo. Que seguimos desayunando bien, comiendo bien y cenando mejor. ¡¡Las fotos de Honduras serán de hombros para arriba!! Y nos seguimos acordando de todos los que habéis participado para que podamos estar pegándonos este pedazo de viaje.

3 comentarios:

LE BLOG dijo...

¡Peassssso viaje niños! Y esta última parte escrita en el cumple de agüelo. Lo malo es que hay muchas fotos que no puedo ver, no sé porqué. Pero con los textos me hago una idea de que mal no lo estáis pasando no. (jeje) Besitos.

Anónimo dijo...

Menuda envidia a primera hora de la mañana! (trabajando). Algunos mortales estamos al pie del cañon, claro que unos llegan y otros....¡se van!. El Parque Nacional de los Glaciares es una pasada, con los témpanos flotando. No comáis mucho que estábais estupendos!. Besitos, Mónica (La Berges)

Anónimo dijo...

Nenes q bonito todo, q frío, q gusto, y no aquí con el calorín...
En fin, lo de siempre, cogedme toda la información q podáis para mi soñado futuro viaje por américa...
Besos, charito.